La trampa semántica

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El anuncio de la Ley para pagar sosteniblemente a nuestros amiguetes ha tenido consecuencias inesperadas.

La primera ha sido la revuelta más interesante, potente y bonita que ha habido en nuestra internet en varios años. Están siendo unos días emocionantes. De esta primera consecuencia salimos beneficiados.

La segunda, más sútil, beneficia al Estado. Por cómo se ha planteado la ley se está debatiendo en unos términos que no nos convienen nada. La gran marea ciudadana grita, enfurecida, «cerrar páginas webs compete a los jueces», y no nos falta razón. Pero analicemos profundamente lo que estamos diciendo. El Estado quiere poder para cerrar páginas que infrinjan derechos de autor y quiere poder para saltarse el Estado de derecho básico, ignorar la separación de poderes propia de la democracia y ejercer ese derecho de cierre desde un órgano completamente dependiente del parlamento.

Y, ¿qué responde la gente? La gente responde «ese poder es cosa de los jueces». Parece que si el cierre lo medita un juez, nuestros derechos fundamentales son menos vulnerados. Y resulta que se está debatiendo el limitar (seriamente) la libertad de expresión para defender la restricción de copia. ¿Nos hemos vuelto locos?

No: ni con jueces ni sin jueces, equiparar la infracción de derechos de autor con comportamientos delictivos graves (no daré ejemplos) me parece descomunal. Descomunalmente equivocado, quiero decir.

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Como ejercicio para hoy les hago una pregunta: ¿cuánto tiempo hace que no leen la Declaración de independencia del ciberespacio? No dejen de leerlo ahora mismo, antes que pase más tiempo. Dice cosas como ésta:

Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia.

y ese final...

Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.

Leyendo lo que el Estado tiene que ofrecer a internet, la proclamación que Barlow hiciera allá por 1996 es más válida y necesaria que nunca. Háganse el favor de leerla, son solo tres minutos.

Fuente: www.versvs.net