Las bandas que optaron por internet en vez de los sellos
Cualquiera que conozca el negocio de la industria musical tiene un mapa mental del rol que juega cada actor involucrado. Haciendo la historia corta, los artistas crean la música, los sellos les extienden un contrato mediante el cual asumen a su cargo la grabación de ésta, la difusión del disco y la venta en múltiples formatos. El público compra los discos porque le gusta el trabajo de los artistas y lo comprueban porque el sello promociona las canciones encargándose de hacerlas sonar en las radios y en los canales de música. De lo que se recauda por este concepto, los sellos le dan una comisión al artista, y se completa el ciclo.
Ese ha sido el paradigma de la industria musical desde hace ¿Cuánto? 60 o 70 años, por lo menos. El sistema se ha modernizado pero el diagrama de flujo es el mismo. ¿Acaso no hay otra manera? Al menos, grupos como Nine Inch Nails, Radiohead y Smashing Pumpkins parecen pensar distinto.
Los Cuatro Grandes
Como dice Rage Against the Machine, “know your enemy”. Puede ser un poco fuerte presentarlo de este modo, pero desde cierto punto de vista, las disqueras han sido cancerberos para las bandas, sólo que no todas las bandas sienten el poder que ejercen los sellos convirtiendo una inspiración artística en una usina de fabricar música en serie (lo cual no necesariamente representa nuestro pensamiento, pero queremos ponernos en ese estado anímico). De entre esos sellos que gobiernan la industria musical con puño de acero, los más grandes son Warner Music, EMI, Sony BMG Music Entertainment y Universal Music Group.
¿Son indispensables los sellos?
Hace 60 años probablemente sí. Si un artista quería sobrevivir sin un sello se condenaba a una vida de tocatas recorriendo boliches noche tras noche porque ¿Dónde podría grabar un disco si no en un sello? ¿Quién le organizaría un concierto masivo? ¿Quién lo haría sonar en la radio? Sí, hace 60 años un artista sin un sello era sólo un músico local.
Hace 15 años, en cambio, nació algo que se llama World Wide Web, y no bastando con eso, tres años después empezó la era Peer to Peer con la aparición de Napster. Los que son muy jóvenes para haber usado Napster, a lo mejor usaron en cambio Kazaa, AudioGalaxy o tal vez hoy usan BitTorrent. Lo importante es que en estos últimos años la web ha revolucionado la manera de distribuir la música, y creo que todos sabemos que iTunes ha capitalizado ese cambio de paradigma convirtiéndose en la mayor tienda de música del mundo, mayor que cualquier cadena del mundo real y tangible.
Claro, iTunes no reemplaza los sellos sino que trabaja en estrecha colaboración con éstos. A veces se agarra de las mechas con Universal, pero no por mucho tiempo. Al final se necesitan entre sí. ¿Significa esto que sin sellos iTunes no podría existir? Para nada, de hecho a iTunes le es indiferente quien reciba la tajada de cada canción que venden. La pregunta entonces cobra mayor relevancia ¿En la era de la música online, son indispensables los sellos?
No más intermediarios
Los grandes sellos discográficos están dispuestos a cualquier cosa para convencer a los artistas y al público que eellos son indispensables. Una de las dificultades más patentes a mediados del siglo XX era muy práctica: ¿Cómo grabar si no era en el estudio de una disquera? Ahora todos sabemos que con una mínima inversión se puede hacer un estudio de grabación. A lo mejor habrá que usar esas cajas de huevos en vez de paneles insonorizados con resina. A lo mejor en vez de una mesa con 400 perillas se usará un PC con Audacity… lo importante es que cualquiera puede grabar un demo o, si se lo propone, un disco en una habitación acondicionada en su propia casa. No digamos que va a quedar 100% pro, pero la tecnología actual permite generar un trabajo de calidad pasable. Hace 20 años grabarse en una radiocassetera era, en cambio, sinónimo de resultados paupérrimos. Descartemos entonces la barrera de entrada llamada “estudio de grabación”.
Otro argumento: el que las disqueras tienen los bolsillos y espaldas para proteger al artista de la piratería. Últimamente una de las mejores armas para imponer su status de indispensables es la famosa lucha contra las descargas ilegales. Verán, organismos como la IFPI y la RIAA gastan millones de dólares en perseguir, demandar y espiar a los usuarios de programas Peer to Peer. A menudo no vale la pena demandarlos, se gastan una fortuna en abogados y obtienen unos arreglos extrajudiciales mínimos. Es un pésimo negocio, y si por culpa de la piratería los sellos pierden 100 millones de dólares al año, pagarán sin dudarlo otros 100 millones en abogados. Es un precio bajo que pagar por mantener a los artistas convencidos de que si no tuvieran un gran sello protegiéndolos de los piratas, se quedarían sin nada. Lo cierto es que la tajada que les saca el sello es mucho mayor que lo que pierden por piratería, pero eso es otro tema.
El fenómeno se desató en el año 2007, cuando Radiohead -que en esa época estaba sin sello- lanzó su disco In Rainbows a través de su sitio web en la modalidad “paga lo que quieras”. Si querías bajarlo gratis, asunto tuyo. Si querías pagar 50 dólares por amor al grupo, adelante. Claro que junto a la edición electrónica descargable había ediciones normales en CD y en vinilo, comprables en tiendas como cualquier otro disco y, obviamente, esas no eran gratis.
Lo importante es que, sin un sello de por medio, y arriesgándose a que todos descargaran el disco sin dejarles ni un miserable peso, Radiohead tuvo éxito. Se comprobó que 2 de cada 5 personas pagaron, y que el promedio de recaudación/descargas arrojó un precio de venta de 2.26 dólares (promedio ponderado entre el 60% que pagó cero y el resto que pagó casi USD 6 en promedio). Al final de la experiencia, habían ganado probablemente más que lo que hubiesen recibido de un sello, luego de que éste recortase su comisión. No se sabe el total, pero sí que ganaron más plata que con su disco anterior, y que el primer día se descargaron 1.2 millones de copias
La última semana de agosto, en Ciudad de México, el grupo Smashing Pumpkins ofreció una conferencia de prensa previa a una presentación para MTV. En esa conferencia Billy Corgan, vocalista de la banda -que hoy en día no tiene sello- dijo:
Los artistas van a ver, poco a poco, que no tiene sentido depender de un selo discográfico que te diga qué hacer. Nosotros podemos decidir qué vamos a presentar y mantener de una manera más directa la relación con nuestros fans.
The Smashing Pumpkins ha estado regalando sus nuevos temas por internet, a través de su página web. Ante esa decisión los periodistas le han preguntado en varias ocasiones por qué no mejor las vende directamente en iTunes. Su respuesta supongo que refleja el cambio de actitud que, de a poco, empieza a contagiar a otros músicos: “Entre regalar las canciones y venderlas a un dólar, la diferencia es tan poca que preferimos regalarlas y asegurarnos de que nadie quede fuera”.
Está claro que no todos los grupos pueden darse el lujo de desechar al sello, y que si Radiohead tiene 1.2 millones de descargas el primer día, a lo mejor una banda desconocida no tendría ni una sola descarga ante la misma medida. Pero lo importante es que hay un cambio de paradigma, y si los artistas van descubriendo que pueden ganar dinero ofreciendo su música a una fracción del precio típico y maximizando la demanda, significará que los mismos músicos habrán logrado encontrarle la solución al dilema de la música en internet, algo que los sellos, amarrados a un modelo de negocios que tiene 70 años, nunca pudieron hacer.
Nota completa: fayerwayer