nov 23 2009

Fabrica de fallas en Pagina12

Categoría: Generaladmin @ 21:14

UNA NUEVA EDICION DEL ENCUENTRO FABRICA DE FALLAS, EN FM LA TRIBU

No hace falta permiso para ser libre

na29fo01Ya no se trata de un evento que atraiga a fanáticos de la tecnología. Este fin de semana, por la sede de la calle Lambaré pasaron toda clase de personas interesadas en salir del corsé de pensamientos predigeridos sobre la circulación de cultura.

Por Facundo García

La educación tradicional se basa en el miedo. Miedo a la jerarquía. Miedo a pensar lo que no esté programado. Y sobre todo, miedo a equivocarse. Por segundo año consecutivo, el Festival Fábrica de Fallas –que se desarrolló durante el fin de semana en FM La Tribu– embistió contra esas concepciones y, de paso, empezó a resquebrajar aquello de que “Cultura libre” es una consigna que sólo seduce a los fanáticos de la tecnología. Junto a los ya reconocibles programadores que defienden el copyleft estuvieron varios representantes de los pueblos originarios, organizaciones campesinas y hasta conferencistas espontáneos que se animaron a tocar temas como el amor libre. Los piratas, parece, están por todas partes.

En ese sentido, se insistió en que los temas de propiedad intelectual abarcan un campo que trasciende por mucho la comercialización de canciones de Shakira o la descarga de películas de Disney. Se advirtió, por ejemplo, que esta semana podría aprobarse el Proyecto de Ley (S3030/90), que pretende extender por otros 20 años –pasando de cinco a siete décadas– la propiedad de las discográficas sobre las interpretaciones o ejecuciones fijadas en fonogramas, considerando que “la producción cultural musical y nacional de las décadas del ’40 y del ’50 se encuentran seriamente amenazadas (sic)” por la posibilidad de caer en el dominio público. “Vale decir, como mínimo, que muchos artistas fallecidos, como Mercedes Sosa o Atahualpa Yupanqui, difícilmente se vean perjudicados por la difusión de su obra”, ironizó la analista Beatriz Busaniche.

Fábrica de Fallas, no obstante, dejó fluir los análisis más allá de esos ejes ya clásicos. La Cooperativa de programadores Gcoop (www.gcoop.com.ar) y la red independiente Buenos Aires libre (www.buenosaireslibre.org) ofrecieron tácticas para “ganar autonomía” a partir del uso de tecnologías alternativas y soft libre. Por otro lado, el matemático Enrique Chaparro abrió la polémica al plantear que “lo que se pone en juego” cuando se discute la privatización de datos es, en última instancia, el avance de corporaciones sobre cuestiones como la biotecnología aplicada a humanos. Desde su perspectiva, si el cuerpo es administrado como una serie de informaciones “privatizables”, se podría llegar a “la forma más perfecta de control –que sería también la más invisible–: la silenciosa intervención genética sobre poblaciones”, advirtió. Suena a ciencia ficción, pero no lo es. En octubre, la revista Science publicó un estudio en el que afirmaba que ya se han patentado usos posibles sobre el veinte por ciento del genoma humano. “Por eso hay que desbaratar la falacia que consiste en revestir de un barniz puramente técnico aquellos temas que deben discutirse públicamente”, recalcó el científico. En la misma tónica, la Fundación Vía Libre (www.vialibre.org.ar) aprovechó para presentar el libro Libres de monopolios sobre el conocimiento y la vida.

Daniel Mundo y Juan Pablo Ringelheim –ambos de la Revista Artefacto (revista-artefacto.com.ar)– sumaron a los conceptos de Chaparro turbadores diagnósticos sobre la actual encrucijada tecnológica. “Estamos en las puertas de una transformación de lo que antiguamente se llamaba naturaleza. Por lo tanto, la cultura ya no se moverá en direcciones ‘metafísicas’; sino que lo físico mismo se fundirá con la cultura”, anticipó Mundo. Ringelheim, a su vez, se basó en James Graham Ballard y Michel Houellebecq para evaluar la posibilidad de que surjan “neofascismos de consumo que, frente al aburrimiento, la angustia y el tedio que reina en nuestras sociedades, favorezcan momentáneas explosiones de locura”.

Un DVD volaba por aquí, un pendrive se enchufaba por allá. Las PC seguían copiando a lo loco mientras el Colectivo Situaciones (www.situaciones.org) presentaba ¿Quién habla?, un estudio sobre la relación esclavizante que se establece en los call centers usando la tecnología como grillete. Y así como se integraron al debate trabajadores de ese ramo, también se escuchó la voz de jóvenes que viven en las villas de la Capital cuando el grupo se refirió a un experimento que llevaron a cabo en la vía pública. Testearon si la gente se detenía a hablar con chicos de los barrios pobres. “Les pedíamos la hora y nada. Les dijimos que éramos de la UBA y tampoco, ni bola. Sólo se frenaban cuando les decíamos que éramos parte de una campaña de Adidas”, relató un morocho de zapatillas espaciales.

El intercambio no paró: hubo videoconferencias, radio en vivo, talleres con el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MocaSe) y el Frente de Lucha Mapuche; fotografías de la cooperativa sub y aportes de académicos como Alejandro Kaufman y el hostigado pero feliz Horacio Potel (ver aparte). Quien quisiera podía tomar el micrófono y difundir propuestas que considerara valiosas, incluyendo desde recetas hasta ideas alrededor del erotismo. Todo con la música en vivo de bandas como The Kyoto Connection, Timotteo y la recién formada Orquesta La Tribu. El panorama –hay que decirlo– no podía ser más distinto del de los encuentros “antipiratería” que propicia la industria. En vez de una sintonía uniforme, se puso en escena un mosaico de verdades complementarias. Y la libertad de cometer errores producía adrenalina, no temor. Un panelista sintetizó ese espíritu citando el Manifiesto Tardío del poeta vasco Joxe Azurmendi: “Porque éste es el último engaño:/ Nos han hecho creer/ que tenemos que justificar el querer ser libres,/ antes desde fuera, y ahora desde dentro./ Como si para ser libre/ hiciera falta permiso de nadie…”.

Fuente: www.pagina12.com.ar

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nov 06 2009

Seminario Debate: Repensar la ley de propiedad intelectual y su impacto en el acceso a la cultura y la educación

Categoría: General,derechosadmin @ 21:16

La Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, el Colectivo La Tribu y la Fundación Vía Libre invitan al Seminario de trabajo sobre la Ley de Propiedad Intelectual (Nro. 11723), sus impactos en el mundo académico, en el acceso a la cultura y en la educación. Este encuentro que abordará los monopolios sobre la cultura y sus consecuencias concretas en la vida académica tendrá lugar el miércoles 11 de noviembre, desde las 20hs, en el Aula 411 de la Sede Parque Centenario (Franklin 54) de la Facultad de Ciencias Sociales. Participan Enrique Chaparro de Fundación Vía Libre, Alejandro Kaufmann, Director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, entre otros expertos invitados.

El procesamiento y posterior embargo contra el Profesor Horacio Potel por la causa penal iniciada por la Cámara Argentina del Libro, por haber publicado en Internet numerosos artículos, traducciones, bibliografía y resúmenes de la obra de Jacques Derrida y Martin Heidegger, el cierre de la biblioteca de apuntes de los estudiantes de Filosofía y Letras en internet, BiblioFyl, y el acuerdo firmado recientemente por la UBA con el Centro de Administración de Derechos Reprográficos (Cadra) nos enfrentan a uno de los temas más importantes y ciertamente menos atendidos de la vida académica hoy: el impacto y las consecuencias de leyes como la 11723 en el acceso a la cultura y la producción de conocimiento en nuestras casas de estudio.

En Argentina, los derechos de autor están contemplados por la Ley 11723, una norma impulsada en el año 1933 por Roberto Noble (de ahí que la ley también sea conocida como Ley Noble) y que sufrió regulares enmiendas, entre las que se incluye la incorporación de los programas de computadora al régimen de Propiedad Intelectual así como una última enmienda que contempla las excepciones para las bibliotecas de materiales para ciegos.

Esta norma se basa en los acuerdos internacionales y abreva en el Convenio de Berna, uno de los tratados administrados por la OMPI, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Sin embargo, no contempla prácticamente ninguna de las excepciones y/o limitaciones que permitirían mayor acceso a materiales bajo derechos de autor. La ley argentina no tiene cláusulas de uso justo, las excepciones educativas son extremadamente limitadas y criminaliza gran parte de la tarea documental de bibliotecarios. Por otra parte, gran parte de las actividades que realizan cotidianamente los millones de usuarios argentinos de Internet se chocan con esta norma del siglo pasado cuya violación entra dentro del marco del delito penal.

El concepto esencial detrás de la ley es el monopolio por parte del autor y/o los derechohabientes sobre las diferentes obras culturales. La norma es el monopolio, no el acceso a la cultura y el conocimiento.

Pensada como una forma de fomentar la publicación de obras, la lógica detrás de este tipo de regulaciones ha quedado obsoleta en los últimos años del siglo XX y se torna completamente dañina y represiva con los instrumentos y las tecnologías del Siglo XXI.

Una ley pensada para fomentar la publicación en los tiempos de la imprenta fija límites y trabas a la meta declarada de fomentar la lectura y el acceso a cultura con los instrumentos de la digitalización.

Cuando nos enteramos que la biblioteca que los estudiantes de Filosofía y Letras habían construido para facilitarse entre ellos el acceso a materiales esenciales para sus carreras, es cerrada en nombre de la ley de fomento del libro y la lectura, nos encontramos claramente con un punto crítico que merece, como mínimo, abrir una discusión.

Eso pretendemos en este seminario: poner en cuestión la utilidad de leyes del siglo pasado que, en la época en que la sociedad se ha dado medios y tecnologías versátiles para construir cultura de manera colaborativa, compartir conocimiento de manera prácticamente ilimitada y nutrir la posibilidad de acceder a cultura de modos jamás antes visto, estas actividades socialmente útiles se ven penalizadas y criminalizadas por la puesta en práctica de principios jurídicos que tienen como mínimo cien años y que no responden a los requerimientos de su tiempo.

Así y todo, entendemos que la discusión debe apuntar a pensar modos de acceder a la cultura y promover la producción de obras, fomentar la construcción y difusión con herramientas nuevas que nos permitan acceder a más y mejores obras, producir más y mejores trabajos intelectuales y académicos, y en definitiva, darnos un cuerpo jurídico afin con las prácticas sociales de nuestro tiempo, bajo la consideración esencial de que compartir y difundir conocimiento y cultura jamás debería ser un delito penal.

Objetivo del Seminario:

  • instalar en la agenda académica la discusión sobre la ley de Propiedad Intelectual
  • conocer las consecuencias del actual régimen de PI sobre la vida académica y la construcción de conocimiento en las aulas de la Universidad Pública
  • intercambiar opiniones con actores relevantes del mundo académico y con activistas de la cultura libre
  • pensar propuestas constructivas para modificar el actual régimen de derechos de autor y construir legislaciones socialmente justas y viables.

Lugar: Facultad de Ciencias Sociales. Sede Parque Centenario. Aula 411
Fecha: Miércoles 11 de noviembre, desde las 20hs.
Organizan: Fundación Vía Libre. Colectivo La Tribu. Carrera de Ciencias de la Comunicación. UBA.

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nov 06 2009

El premio Planeta, buque insignia del capitalismo cultural

Categoría: Generaladmin @ 1:55

¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo la farsa, el chanchullo, la componenda, la compraventa, la antiliteratura, la corruptela, la ostentación cateta, tratada como si fuese un asunto cultural serio? ¿Hasta cuándo ver la corrupción únicamente en la política y los negocios, y no verla en eso que se llama industria cultural, que es ciertamente industria, pero no cultural, sostenida por una mafia editorial que ha rebajado el libro de valor de uso, como siempre fue, a valor de cambio, con la complicidad, por ende, de quienes deberían defender la literatura y que en seguida voy a nombrar?

Todo el mundo sabe lo que es el Premio Planeta. Es la manera que tiene un editor, un comerciante, un industrial de la cultura, un fabricante de libros, sin el menor apego por la literatura, para ganar dinero, con la colaboración de periodistas, críticos literarios, profesores de literatura, académicos, escritores, políticos gestores de la política cultural y hasta miembros de la casa real, que, se dice, no participa de balde en la puesta en escena de la charlotada.

El inventor del Premio Planeta, José Manuel de Lara, analfabeto pero muy listo, distinguido con el título de Marqués del Pedroso de Lara por Su Majestad, “en reconocimiento a sus aportaciones a la cultura” lo dijo paladinamente en una entrevista con un redactor del diario Pueblo, allá por los 70, según he leído en La Fiera Literaria: “Y así es: los premios literarios se inventaron para obtener millones de publicidad gratuita”. ¿Y por qué se puede obtener publicidad gratuita con los sainetes de los premios literarios? Porque los medios de comunicación españoles, los críticos literarios, los escritores, los profesores de literatura, los ministros de Cultura, los políticos, la Generalitat de Cataluña, los miembros de la Casa Real como ya he apuntado, dan tratamiento de acontecimientos culturales a las que no son sino operaciones de marketing.

Este tipo de premios, otorgado por una editorial a un libro inédito que ella misma va a publicar no se conoce en ninguna otra parte del mundo occidental… Ni oriental, por supuesto. La limpieza, honradez, seriedad y objetividad están excluidas por principio de su selección y su concesión.

En su desarrollo y de cara a la masa lectora, que ignora toda esta picaresca, la convocatoria y concesión del Premio Planeta adquiere todos los visos de una inmoralidad, de un delito, por supuesto, de un delito de lesa cultura.

Se anuncia un concurso de novelas, dando a entender tácitamente que se trata de premiar el mejor libro de ese género, de entre los que se presenten. El premio consistirá en una fabulosa cantidad de euros que este modesto ordenador “no sabe” escribir. Del relumbrón que produce se beneficiarán también otros libros del “ganador” y, además del libro premiado, otras publicaciones de la editorial, empezando por la novela que haya quedado finalista.

Mientras las bases del “concurso” circulan por los tontideros, las redacciones de los periódicos, los departamentos de literatura, las librerías, el astuto fabricante de libros encarga sin el menor disimulo, a la vista de todos, a un escritorcete más o menos conocido, a un reportero, a un popular presentador de televisión, a una guaperas o a un guaperas de la jet o a un payaso, un libro a la medida de sus intereses: es decir, aliterario, vulgar, pedestre –“que lo entiendan hasta las porteras”, es uno de los axiomas de la filosofía planetaria-, sobre un tema de actualidad, mejor si escabroso, “con mucho tomate”, como decía el marqués.

El día señalado, el comerciante organiza una cena de ésas que no conocen en Uganda, Tanzania ni Zimbawe, a la que asiste el Todo Chorrez –actrices, actores, banqueros, periodistas de todos los medios, profesores universitarios, políticos, entre los que se cuentan el Presidente de la Generalitat y la Ministra de Cultura, miembros de la Casa Real y, en una ocasión, los propios Reyes, porque era el cincuenta cumpleaños del invento.

Desde varios meses antes, ya sabe todo el mundo quien va a “ganar”, no obstante lo cual, un grupo de escritores aparentemente serios y profesores de los llamados importantes y considerados serios y honrados fingen estar enfrascados, en un comedor aparte, en reñidas votaciones, cuyo desarrollo comunican a los comensales entre plato y plato.

Proclamado el nada sorprendente fallo, felicitaciones, parabienes, entrevistas, etc., etc. para el “ganador”: millones de publicidad gratuita, ya lo dije. En las radios, las televisiones y los diarios, reportajes, entrevistas, artículos, comentarios en los que se trata el suceso como un acontecimiento cultural y, al ganador, como alguien que, estando allí presente por casualidad, ha llevado a cabo una gran hazaña literaria.

Es justamente en este punto donde uno recuerda aquella frase lapidaria de don Ramón del Valle Inclán, que dice: “ESPAÑA ES UNA DEFORMACIÓN GROTESCA DE LA CULTURA EUROPEA”. Como diría un Hamlet de la Zarzuela, no es extraño que en los países serios nos tachen de beodos.

Un interesante dato, que no conviene olvidar, es el que atañe a los ganadores. Son escogidos principalmente entre escritores y periodistas con ínfulas de novelistas, todos los cuales, casi absolutamente todos, son personas acérrimas defensoras de la honradez y la limpieza en las relaciones humanas, que diariamente denuncian en sus columnas la corrupción, la mentira, el chalaneo, el robo etc., pero que no tienen reparo en prestarse al chanchullo del Premio Planeta o de cualquier otro premio, defraudando a los casi quinientos concursantes que han optado al premio de buena fe. Engañando a los miles de lectores que comprarán el libro no porque sea de quien es, sino porque ha sido premiado en un concurso que ellos, que no están al tanto del trucaje, creen que es de verdad. Mintiendo en las entrevistas y en las declaraciones a la prensa. Participando en la payasada engañosa del fallo, las “votaciones”, etc. Beneficiando a un industrial de la cultura a quien sólo le preocupa la ganancia, no los valores literarios. Y embolsándose, mediante tantas falsedades, una millonaria cantidad de euros que, de otra forma, no hubiese conseguido.

Relaciono aquí los nombres de algunos de los moralistas que, en un descuido, no han considerado inmoral ni fraudulento prestarse a una componenda que tiene las delictivas consecuencias que he enumerado: Emilio Romero, Torcuato Luca de Tena, Jesús Torbado, a quien además le facilitaron el tema y el argumento, porque se trataba de aprovechar la circunstancia de la muerte de Franco. Lo ha declarado paladinamente quien entonces era director de la editorial, Rafael Borrás Bertriu, Juan Marsé, Fernando Schwartz, Francisco Umbral, Terenci Moix, Fernando Fernán Gómez, Ricardo de la Cierva, Gonzalo Torrente Ballester, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Fernando Sánchez Dragó, Fernando Savater (profesor de ética), Soledad Puértolas, Antonio Gala, Antonio Muñoz Molina, Juan Manuel de Prada, Carmen Rigalt, Fernando Delgado, José María Mendiluce, Carmen Posadas, Espido Freire, Maruja Torres, Rosa Regás, Lucía Etxebarría, Ángela Vallvey, Juan José Millas, Ángeles Caso, entre otros tantos. Naturalmente, el industrial no sólo no trata de paliar cualquier escándalo que surgiese por causa de ciertas “coincidencias” o declaraciones imprudentes (a Muñoz Molina y a Maruja Torres de les escapó en su momento decir en la prensa que les habían encargado el libro con la promesa del premio). Sabe que todo lo que se hable o rumoree, aunque sea negativo, le favorece, porque los medios, al tiempo que denuncian las irregularidades, como si se tratase de una cosa graciosa, siguen considerando y tratando como algo importante, en relación con la cultura, “ganar” el premio.

¿Y el jurado? Escritores con ínfulas de serios, profesores universitarios, fingiendo que deliberan, representando el papel de discutidores, simulando el sudor de la frente, saliendo una docena de veces al estrado para informar de cómo van las votaciones, obedeciendo al fabricante de libros con quien han acordado una paga… ¡Qué vergüenza! Insisto en que este tipo de “premios” sólo se dan en la Españeta, como llama Carlos Rojas a la España sainetesca de la monarquía cocotera.

Sin el menor disimulo, la obra ganadora y la finalista, suelen estar ya impresas y encuadernadas para el día del “fallo”, y los críticos se apresuran a comentarla, por supuesto favorablemente.

La Fiera Literaria ha presentado en el registro del Ministerio de Cultura, durante la “regencia” de Esperanza Aguirre, Pilar del Castillo y Carmen Calvo, una solicitud avalada por un centenar de firmas, pidiendo que, si no se pueden abolir los “premios literarios”, de los que hay en España —Y ES RIDÍCULO— cerca de seis mil, al menos se regulen. Ni siquiera han acusado recibo a la revista, única defensora en España de la transparencia, la seriedad, la literatura auténtica y la honradez. ¡Que un editor premie un libro que él va a publicar! se escandalizaba ante mí un profesor de la universidad de Florencia.

Si el Rey o algún otro miembro de la Casa Real acude al lanzamiento de un producto comercial, como es el libro en manos de este tipo de editores, ¿por qué no bendice con su presencia el lanzamiento de una nueva clase de embutido o de cerveza, entre mil ejemplos?
Es vergonzoso, es cateto, es repulsivo, es anticultural, sólo propio de una república bananera o de una monarquía cocotera.

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